Viva la América y Muera el Mal Gobierno PDF Imprimir E-Mail
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Estas son las palabras de un hombre que de la tragedia obtuvo fortaleza, entereza y coraje para sostener la lucha independentista que iniciara Miguel Hidalgo y Costilla al grito de ¡Viva la América y muera el mal gobierno!.

La vida de José María Morelos y Pavón confirma que detrás de los grandes héroes existe una corona trágica, un halo de sombra que les permite proyectar su luz. Por eso, aunque su padre murió cuando el tenía 14 años, supo asumir la responsabilidad de velar por su madre y su hermana, como si el destino le advirtiera que el vientre materno, que la protección de su sangre y carne, serían el paso previo del servicio supremo de la Patria.

 

Su vocación religiosa no le impidió abolir la esclavitud en Aguacatillo en 1810 y ratificarla en 1813. Ahí podemos encontrar la grandeza de un hombre, el deseo de extender la libertad no sólo en nuestro suelo, sino en toda la América. Los 23 puntos de los Sentimientos de la Nación dejan testimonio de las primeras avanzadas programáticas de la independencia de México. Durante cinco años de actividad insurgente y de campañas militares, su valor, entereza e inteligencia fueron puestos a prueba. Primero, para organizar y constituir de la nada un cuerpo de tropas disciplinadas y bien armadas; después, para asumir el liderazgo del movimiento de independencia tras la cobarde ejecución de Miguel Hidalgo; y luego, para atraerse la simpatía al movimiento de hombres fuertes y decisivos como Miguel y Víctor Bravo, Vicente Guerrero, los hermanos Galeana y, entre otros, el estadunidense Meter Ellis Bean, quien fabricó gran cantidad de pólvorapara los tropas insurgentes.

Si Hidalgo quiso que los habitantes disfrutaran de las delicias derramadas por el Soberano Autor de la naturaleza, es Morelos, orfebre de la Patria, quien con destreza militar, capapidad de convocatoria, gran personalidad, concretó el reparto de la propiedad, la abolición de la esclavitud, la disolución de las castas y la creación de un sistema republicano sustentado por la igualdad y la libertad.

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La semilla de nuestra vocación democrática la deposita Morelos cuando sentencia que "Debe alejarse... la esclavitud... que se pongan en libertad cuantos esclavos hayan quedado y que los naturales que forman pueblos y repúblicas hagan sus elecciones libres..."

El Siervo de la Nación, el hombre sencillo que no aceptó el título de "Generalísimo", es un hombre que luchó por la justicia, por la defensa de su religión aun frente al mismo clero y por eso, fue excomulgado, juzgado por tribunales militares y eclesiásticos, bajo el delito de ignorar la excomunión de la Inquisición.

En su manifiesto a los habitantes de Oaxaca en 1812 Morelos le deja al Clero una sentencia permanente: "A más de que la disciplina y práctica de la Iglesia, y la razón natural dictan, que el Sacerdote... sólo se ocupe en la felicidad de las almas... no puede producir sino desgracias...".

Y sin embargo, Morelos fue ejecutado, fusilado en 1815 en estas tierras que hoy pisamos.

Ubaldo Vargas Martínez, en su libro "Morelos, Siervo de la Nación", nos dice que con la voz de "¡Fuego!", el hombre más extraordinario cayó atravesado por la espalda por cuatro balas que fueron insuficientes, por lo que le dispararon otras cuatro que extinguieron su vida física, pero no sus últimos alientos.

"...Vive el Reformador social, por la visión profética de sus ideas... vive en la conciencia, en la memoria y en el corazón de todo un pueblo... porque entendió su misión como servicio y entrega hasta el sacrificio de la propia vida...".

Morelos es inmortal, vive en esa esperanza de libertad que renovarnos día con día y, todavía hoy, su ejemplo se graba en nuestros adentros, cuando recordamos sus palabras supremas en medio de la batalla: "Es una gloria morir en el servicio de la Patria".

 
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